Capítulo I - El Kiosco
“Pasarlo pipa: dejar que el tiempo ruede, cáscara a cáscara..”
En la ciudad de la prisa, el domingo tenía un templo. No tenía muros de piedra, sino de papel. No olía a incienso, sino a tinta fresca y sal. Era el kiosco.
Fuimos a buscar ese lugar que desaparece. Pedí ayuda a mi amiga y artista Ana Belén Rodríguez. Como quien rastrea una especie botánica casi extinta, no ha traído ladrillos para reconstruirlo, sino la memoria de lo que allí crecía. Ha dibujado en el aire el esqueleto de un hábito.
Aquí, jaulas delicadas de malla de bronce sostienen girasoles secos. No son flores decorativas; son testigos. En su interior guardan tiempo detenido.
Hubo una época en que la gente se sentaba a mirar. No una pantalla iluminada, sino a los otros. El tiempo no se mataba: se partía con los dientes. El rito de comer pipas era una conversación sin palabras. Un chasquido, una pausa, una cáscara que cae. Un reloj de arena hecho de semillas que medía la tarde no en minutos productivos, sino en momentos compartidos.
Hoy estamos conectados con lo lejano, pero ausentes de lo cercano. El algoritmo nos da contenido, pero nos ha quitado la contemplación.
Por eso, en esta instalación, algunas pipas no caen al suelo. Están bordadas. Cuelgan ingrávidas entre las mallas de bronce, suspendidas en un instante eterno. Son semillas que se niegan a ser residuo; joyas humildes que nos recuerdan la belleza de no hacer nada, salvo estar presente.
Bajo las jaulas, el montón de pipas reales se acumula. Y junto a ellas, este fanzine. Antiguamente, uno iba al kiosco a buscar noticias del mundo para llevárselas a casa. Hoy te llevas este papel. No contiene las noticias de ayer, sino las preguntas de mañana.
Tómalo. Es un recordatorio físico de que hubo un tiempo en que nos mirábamos a los ojos. Un tiempo en que la vida, simplemente, se pasaba pipa.
El kiosco está vacío de prensa, pero lleno de memoria. El papel espera. La conversación, ojalá, regrese.
Ana Bélen Rodríguez
Ana Belén Rodríguez López es una florista que inició su camino en el diseño floral en 2014, tras una primera etapa profesional en el sector financiero. En su búsqueda de nuevas miradas dentro del mundo vegetal, viaja a Nueva York para formarse en Flower School New York, donde entra en contacto con una generación de floristas que defendían una práctica más natural y respetuosa con el entorno.
A su regreso a España, trabaja en la decoración de eventos y espacios mientras desarrolla, en paralelo, un lenguaje propio basado en la observación del paisaje cercano. Gran parte de los materiales que utiliza en su trabajo proceden de la recolección y son cuidadosamente preparados para devolverles valor y presencia.
Su práctica se apoya en la estacionalidad y en una relación íntima con el ritmo de la naturaleza, poniendo en primer plano aquello que a menudo pasa desapercibido: ramas, semillas, texturas y vestigios vegetales que hablan del tiempo y su tránsito.
Desde 2019 compagina sus proyectos de decoración botánica con su labor como instructora en Madrid Flower School.
Sus composiciones se caracterizan por el movimiento, el volumen y la textura, revelando la belleza silenciosa del paso del tiempo.