Capítulo IV - SANANDRESIÑOS

“Vai de morto quen non foi de vivo.”

Aquí los deseos no se piden. Se pronuncian con las manos.

Antes de que el día tenga forma, Jorge ya está despierto. No obedece al reloj, sino a la levadura. En su mesa no se amasan hogazas: se articula un idioma antiguo, hecho de miga, agua y fuego.

San Andrés no es un punto en el mapa: es una frontera porosa entre lo que se desea y lo que se cuida. Volver en vida es no perderse.

Del viaje nacen formas pequeñas. Pan que no alimenta el cuerpo, sino la intención. Cada figura es una sílaba. No son símbolos cerrados, sino palabras abiertas. 

Juntas no forman frases completas, pero dicen lo suficiente. Una mano pide amparo. Una barca recuerda que moverse también es confiar. Una flor protege lo que empieza. Un pez guarda la promesa de alimento. Una escalera no sube ni baja: enseña que todo aprendizaje es tránsito. 

Jorge no inventa este lenguaje. Lo escucha. Aprendió de otros gestos, de otras madrugadas, que el pan no se domina: se acompaña. Amasar es pensar sin explicar. El horno no fija la forma; la vuelve frágil a propósito. Porque lo que importa no es que dure, sino que circule.

Por eso estas piezas no descansan en vitrinas. Aquí cuelgan. Suspendidas en el aire, ligeras, casi a punto de irse. Se balancean como oraciones que aún no saben a quién pertenecen. 

Esto no es un conjunto de amuletos. Es una frase en continuo desplazamiento.

El pan, que siempre fue alimento común, se convierte aquí en archivo sensible. No guarda fechas ni nombres propios, sino algo más frágil: la necesidad de pedir, de agradecer, de confiar en que lo pequeño también sostiene. Por eso se hace con lo que hay. Por eso se rompe. Por eso se vuelve a hacer.

Jorge lleva estos gestos más allá de su aldea no para expandirlos, sino para que no se enfríen. Enseñarlos es la única forma de conservarlos. La tradición no se protege inmóvil: se comparte.

Ir de vivos es esto, reconocer que el deseo también necesita oficio. Que hay lenguajes que solo existen mientras alguien los amasa al amanecer.

Aquí, el pan no se come. Habla.

Jorge Bellon


Jorge Bellón es un artesano gallego vinculado a la tradición de los sanandresiños, pequeños amuletos elaborados con miga de pan que se asocian a la romería de San Andrés de Teixido, en Cedeira.

Estos objetos, hechos a mano siguiendo técnicas tradicionales, representan distintas figuras simbólicas relacionadas con la protección, la suerte o el amor. Bellón es uno de los principales creadores actuales de estos talismanes y participa en talleres y actividades para mantener viva esta artesanía popular y transmitirla a nuevas generaciones.